Arañas, narcisismo y muerte retributiva

Uno de los personajes a los que más cariño le tengo, hasta el punto de haberse convertido en mi alter ego en muchos sitios, es el mago humano Ilmar Cloudfire. Creado bajo las reglas de D&D 3º edición, era uno de los dos magos del grupo habitual de juego. El otro mago, Rau, era lo más opuesto posible a Ilmar, y eso quedó patente en varias escenas dignas de ser recordadas.

Ilmar era, virtualmente, una torreta de artillería (reminiscencia inconsciente del origen primigenio de los magos en D&D, por otro lado). Especialista en evocación y todas las dotes enfocadas a maximizar el daño mágico, llevaba el concepto “crystal cannon” a sus últimas consecuencias. Rau era abjurador y especialista en protecciones y defensas mágicas, con bastante puntos de vida y tiradas de salvación altas.

De entrada es un equilibrio muy bueno, con Rau en primera línea levantando defensas e Ilmar en retaguardia fabricando chicharrones. Todo muy bonito si no fuera porque a ninguno de los dos le iba eso de trabajar en equipo (algo que poco a poco se les fue pasando).

Precisamente, un punto de inflexión de este comportamiento ególatra fue un combate contra una araña gigante, típico jefe de final de dungeon. Los guerreros estaban ya cansados (las cosas de no llevar nadie que curase), andábamos regular de pociones y la única baza era los conjuros de mago, recién repuestos.

Junto a la araña gigante había otras más pequeñas, de las que el bárbaro y el enano decidieron encargarse mientras la artillería pesada intentaba matar a la más grande. El otro guerrero, un humano llamado Dante, se bebió una poción de protección contra el fuego (porque sabía lo que se le venía encima) y cargó contra la araña al grito de “Matadla antes de que me mate a mí”. Y así comenzó el combate.

Máster: La enorme araña se alza sobre sus patas traseras y levanta las delanteras, afiladas como cuchillos. Las mandíbulas chasquean, goteando veneno.

Ilmar: Bola de fuego.

Rau: Piel de piedra.

(Segundo asalto)

Ilmar: Bola de fuego.

Rau: Imagen múltiple

(Tercer asalto)

Ilmar: Bola de fuego.

Rau: Escudo.

(Cuarto asalto)

Ilmar: Bola de fuego.

Rau: Puerta dimensional para colocarme detrás de la araña.

(Quinto asalto)

Ilmar: Bola de fuego.

Rau: Misil mág…

Máster. Vale, se muere.

Rau: ¿Qué? Pero si no le he pegado.

Máster: La enorme araña agoniza, y mientra cae, veis como las placas quitinosas comienzan a hincharse hasta que explotan en una violenta explosión de fuego y veneno.

Ilmar: ¿Qué?

Máster: Muerte retributiva. A ver esas tiraditas de salvación. (Ruedan los dados). Bien, Dante se libra por los pelos, Rau recibe mitad de daño e Ilmar se tira en plancha hacia la explosión. Tiro el daño.

Rau: Tengo piel de piedra activado, así que no me llevo daño.

Máster: Cierto, sales indemne de la explosión, pero cubierto de veneno.

Rau: Llevo el escudo, así que el veneno no me salpica.

Máster: Es verdad. Pues nada, no te hace absolutamente nada. ¿A cuánto está Ilmar?

Ilmar: Pues sin contar el daño del veneno, voy a estar muy quietecito hasta que regresemos al templo.

Y así, poco a poco, alcanzamos un equilibrio entre matar a todo lo que se mueve y sobrevivir medianamente intactos tras una batalla.

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